Es alucinante como a veces suceden las cosas, como a contratiempos, como a tiempo acelerado, mirada viciosa, necesidad de amar. Suceden porque han de suceder, porque nada importa, porque no hay motivos ni razón, porque hay dos personas y de repente se hecha de menos el aire. Hay cosas que no podemos controlar, que se nos escapan. Cosas que nos ciegan, que nos arañan, que nos cambian. Aún me sigo sorprendiendo - después de todo - de como suceden las mejores acciones, de como se corta el oxigeno en el aire y se tiene de más lo de menos. Es realmente increíble la fidelidad de la reacción y la incongruencia de nuestras manías. El subidon, la rebeldía, el aprender de todo, en cada instante, en cada ápice de fe. Es impensable hasta dónde podemos llegar, las cosas que somos capaces de hacer, lo que aún no sabemos de nosotros mismos. La noche siempre seguirá confundiendo a los más incoherentes. Personas que se levantan sin mediar palabra y que por dentro estallan en ruido. El silencio del apocalipsis, la furia del sexo cuándo es prohibido, cuándo las reglas solo sirven para aprender a saltarse pasos, para aprender a volar. Hay veces que una pequeñez, un rasguño de instante, una escena en concreto, se vuelve tan importante como memorable, se confunde, se sueña, se riega, se crece y luego estalla. Un día estalla, y después lo entiendes, entiendes el porqué, el porqué no, el miedo. Entiendes que hay cosas que pertenecen a uno mismo, que se llevan dentro. Entiendes que la suavidad no entiende de edad, de raza, de instinto, que la seguridad se encuentra siempre dónde menos esperas que esté.
(Fuente: ifeltiwasimmortal.blogspot.com.es)
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